Narrativa: microrrelatos y reflexiones

La Literatura me atrapó en cualquier versión, también poemas, pero... sobre todo narración: relatos, cuentos, novela... Desde siempre amo la Literatura y..., de ahí, este blog que va a andar entre cerezas y mariposas de colores, entre letras y palabras, entre suspiros, amor y..., cómo no, buen humor y... sobre todo entre tú y yo...

 Todo lo que se escribe permanece hoy y siempre, y eso es lo que yo quiero: permanecer en mis letras impresas de todas las formas posibles: textos, libros, poemas, porque ahí estoy yo; entre línea y línea me podréis encontrar o... entre palabra y palabra escondida pero... visible. Buscadme aquí y siempre, siempre, me encontraréis...


              A la hora de escribir o revisar lo escrito no tengo un plan establecido, a no ser que esté inmersa en una novela. Desde hace unos meses estoy rescatando y mejorando textos diversos que me voy encontrando guardados en cajones. No tengo preferencia por la literatura erótica, aunque sí he escrito, más que leído, textos eróticos que en un futuro verán la luz. Hoy envuelta en un frío enero publico aquí, en mi rinconcito un vídeo que os regalo leyendo uno de mis microrrelatos eróticos. Entre ellos está el que leo que se titula Apasionados que, como reza el titulo, espero que os apasione...


               https://youtube.com/shorts/s0uxmSyL47k?si=XDNh9u-gzYmc25o3
                                                




            Existen ocasiones difíciles en la vida. Todos lo sabemos. A veces la vida en sí lo es, pero yo tengo el pensamiento firme de que debemos ir precavidos y considerar que de todo lo malo se puede sacar algo bueno, algo que el tiempo, maestro de cualquier experiencia, te lo demostrará. Esto lo escribo porque yo, como muchas otras personas, tuve cáncer diagnosticado en septiembre del 2020. Hoy hace cinco años, y en aquel entonces, cómo no, me refugié en las letras. En mi persona era imposible hacerlo de otro modo. Escribí, escribí mucho y he decidido ir publicando los diferentes textos que escribía, todos fechados, en mi blog, porque retomando las primeras líneas de este texto, de todo lo malo, de un cáncer también, se saca algo bueno, y es por esa razón que hoy, estos textos que me sirvieron para ahuyentar el dolor, tienen otro sabor y leerlos es leer mi lucha y puede servir también para quien se halle en una situación similar. Lo espero de corazón. 

                        “Con todo, sigo pensando que escribir te salva la vida. Cuando todo lo demás falla, cuando la realidad se pudre, cuando tu existencia naufraga, siempre puedes recurrir al mundo narrativo.”

Rosa Montero La loca de la casa

 

13 de septiembre 2020

         Él ha entrado en mi cuerpo sin permiso de nadie y ha tomado asiento en mi pecho. De hecho, se ha acomodado pletórico con el fin de crecer y expandirse por de mi cuerpo. Ellos son así. Van a su ritmo y cada uno tiene el suyo. El mío, como todos, está compuesto por parte de mis células que se han revelado y se han vuelto contra mí. Antes eran parte de mí y ahora son mis enemigas. Me lo imagino sin más deseo que acomoHoy quiero hablar de la sensación de llevar el pelo suelto cuando tienes melena hasta casi mitad de la espalda, que en mi caso es en el momento presente, mitad de septiembre. No te das cuenta del efecto que produce hasta que la vida te obliga a perderla. El dicho tradicional de que te das cuenta de lo que tienes cuando lo pierdes es tan cierto como verdadero, porque nunca antes de hoy me hubiese parado a sentir mi pelo cayéndome por la espalda. Jamás lo he llevado corto porque soy una amante del pelo largo, no excesivo en mi caso, pero sí una melena larga y abundante que por mi estatura limito a mitad de la espalda. Siempre me ha encantado tenerla como parte especial de mi físico. ¿Es posible describir la caída del pelo como una catarata? Lo voy a intentar porque esta mañana recién levantada lo he sentido así. Es ahora más que en invierno cuando siento mi pelo rozando mi piel. Es maravilloso sentirlo bailando lento al compás de mi cabeza. ¿Cómo será la sensación contraria cuando falte el principal componente? Lo desconozco, aunque por desgracia, en breve lo empezaré a experimentar. Por el momento quiero describir la sensación inigualable de sentir el pelo caer desde mi cabeza a mi espalda. Tengo una gran cantidad, pero no noto el peso, aunque me parece que notaré su falta. Me resulta tan fácil sentir ahora mi pelo asentado en mis hombros, rozando mis mejillas, ver y apreciar mis ondas cayendo a los costados de mi cabeza que no me puedo creer que esos detalles pasen desapercibidos durante toda la vida por la única razón de que no están en peligro de desaparecer. Es cierto que la desaparición será durante unos meses para preservar mi salud, pero también lo es que no será fácil, por más coherente que sea, sentir cómo mi cabeza cubierta toda mi vida de un pelo abundante se va desprendiendo de él hasta quedar desnuda. Día a día lo voy asumiendo, pero es un paso complicado que irá unido a otros efectos secundarios más duros todavía. No obstante, me ha tocado y lo acepto. No soy la primera ni seré la última. Lo voy a tomar como viene y afrontaré los problemas sin olvidarme de quién soy: una luchadora nata…


Día a día lo voy asimilando e integrando en mi vida y, a pesar de que no resulta fácil, también soy consciente de que no es lo peor del mundo. Supone un mal trago por el que he de pasar como les sucede a muchas personas y, lamentablemente, en peores situaciones de este calibre; y… de todo se sale: mmmm… ¿de todo se sale? No, no se sale de todo por desgracia, pero sí de muchas situaciones también llamadas enfermedades y peores que la que me ha tocado vivir. La asumo con templanza y, también con sabiduría, porque eso es lo que me va a traer: enseñanzas de la vida. Para empezar, ya he aprendido que esto no es ni mucho menos lo peor del mundo, a pesar de que, si lo dejas, te encuentras con la puerta de la muerte. Suena muy crudo, pero también lo es la vida de una madre con tres niños llena de miseria en una casa de menos de treinta metros cuadrados y cuyo padre es un alcohólico o drogadicto que le preocupa más su dosis que el pan de sus hijos. Es la descrita una desgracia que existe, aunque pase desapercibida a la sociedad, y eso sí me parece un cáncer grave para el que no hay solución ni nadie que se preocupe. Yo, como tantas personas, tengo a mi alrededor una multitud de profesionales empeñados en curarme como a tantas otras personas afectadas. Es su trabajo, les gusta. Cada persona que se cura es un nuevo triunfo en su currículum y yo seré parte de esos currículums; lo intuyo. 

                                                       

 La vida es inmensa, llena y repleta de todo y muchas personas se centran en una sola cosa perdiéndose lo demás. Ahora más que nunca lo veo. Nadie abarca todo porque a quien le sobra por un lado carece de otro y, cuánto más sobra, más falta. Por dicha razón muchas personas se encierran en su ámbito y de ahí no salen. Es como una burbuja que les absorbe y les impide ver el resto de la vida. ¿Qué ocurre cuando quieres entrar en esa burbuja y no puedes? Te frustras. Algo así me pasó a mí y hace un tiempo quise comenzar desde otro punto, pero ha sido tanto el arrepentimiento de en su momento haberlo abandonado y la frustración de verme sin lo que más quería que mi cuerpo ha tomado la palabra y me ha dicho en voz muy alta: “basta ya, por favor”. Me hubiese gustado recibir el mensaje de otro modo más suave, pero es el que me ha tocado porque está visto que me estaba pasando. No obstante, voy a luchar y a ganar esta batalla. Lo sé y me consta que va a ser así…

                                                                                             15 de septiembre 2020

darse; y lo hace despacio porque… no sabe lo que le espera. 

                                                        

                                                                     septiembre 2020
                     Él crea sus células despreocupado porque desconoce que en unos días entrará un ejército armado hasta los dientes y disparará a discreción. Las células, hoy cancerosas, se multiplican del mismo modo que lo hacían antes de la transformación. El ejército, sin duda, acabará también con parte de las sanas. Caerán desfallecidas, pero satisfechas porque caen por mí y pronto serán regeneradas por otras del mejor material natural y fuerte, mientras las células cancerosas caerán una a una sin compasión. Esa lucha se prolongará durante unos meses que no serán fáciles y de cuyos efectos me informarán. No importa lo duro que vaya a ser. Las células sanas trabajan para mí y bastante harán como para quejarme de su trabajo. El ejército que introducirán en mi cuerpo llegará el día que acabará con su trabajo; ese será un gran día porque el enemigo habrá quedado débil y desfallecido, pero firme en permanecer en el territorio conquistado. No importará tampoco, porque otro ejército, visible esta vez, lo sacará de mi cuerpo dejando el recinto libre de nuevo para que sea solo ocupado por las células sanas y llenas de vida. Todas ellas seguirán trabajando para mí y las alimentaré bien para que sigan haciendo su trabajo en condiciones óptimas. Con el tiempo ellas y yo olvidaremos la invasión del intruso que en este momento llevo conmigo, pero que sé que desaparecerá para siempre…


                                 LA  OTRA  NIÑA

                 La primera vez que la vi fue en el colegio como la nueva; éramos niñas y llegó con el curso empezado. Era diferente, rara... Ella, la única de la clase que no tenía amigas ni nunca las tuvo, llamaba mi atención. A pesar de su supuesta soledad una sonrisa siempre adornaba su expresión. Hacía alarde de que le gustaba leer y nos hacía preguntas del tipo de cuánto tardábamos en leernos un libro. Algunas mentíamos en la respuesta porque, sencillamente, no leíamos... Nos extrañaba. No sabíamos dónde ubicarla. Era un misterio que me empeñé en resolver; me hice su amiga... 


                A medida que pasaban los años ella se reconocía especial, distinta. La vida le ponía retos que con tesón superaba, y en ocasiones era difícil. Otras veces sufría, pero ese mismo sufrimiento era el que avivaba más su cambio. En gran medida se sentía sola. Siempre le fue difícil encajar...; sin saberlo esas dificultades eran peldaños que la harían subir tan alto como quisiera. Ella fue el punto discordante, la oveja negra, la nota disonante..., pero siempre discreta. Se descubrió a sí misma al unir todas las piezas y se aceptó como era ella y su vida. Le gustaba el sabor exótico. No fue fácil llegar arriba donde no todo el mundo está dispuesto a subir por lo escarpado del camino, pero ella lo hizo a solas o acompañada, con lágrimas y sin ellas. Desde arriba vio y entendió la vida como es y agradeció haber llegado allí con gente de por aquí, de por allá y más lejos todavía, quienes la querían así, como era ella: de corazón abierto y brazos extendidos para estrechar a todo el que sintiera el corazón vacío... 

                                                



FELIZ DÍA DEL LIBRO, 23 DE ABRIL

Que nunca falte un libro en tu día. Que siempre te acompañe uno vayas donde vayas. Es mucho lo que te da y nada lo que te quita. Yo lo hago desde siempre y me llena de gozo y de alegría que haya un día como hoy, 23 de abril, dedicado a este grandioso invento que sirve para mucho, tanto escritos como leídos. Afortunadamente para escribir hay que leer. En mi caso las dos acciones están indisolublemente unidas. Las dos las hago porque me lo pide la mente. Leer desde que aprendí y escribir desde que gané un premio en mi infancia y dije con poquitos años que quería ser escritora. Nunca cesé en mi empeño sino que más bien perseveré en él. No es fácil pero amo tanto hacerlo que no lo voy a dejar nunca porque no puedo. 
                                            

Siempre me voy a esparcir por las letras y voy a llenar folios de líneas sin más fin que aprender, mejorar mi escritura y, sobre todo, satisfacer a mi mente que me lo pide. Después quiero conectarme con mis queridos lectores y lectoras, quiero ser leída, evidentemente, pero mi premisa principal no es esa. Si lo fuera no sentiría escribir como parte de mí. Las lecturas que pasan por mis manos vienen de fuera y yo las elijo y lo que escribo en cualquier parte sale de mí, de mi interior, de esa parte, que todos tenemos y que no todo el mundo le hace caso. Yo sí lo hago y lo haré durante toda mi vida porque me pide paso continuamente. Lo necesito tanto como leer siempre de libro a libro sin descanso. Es parte de mí y si te unes mediante mis libros siempre te tendré en cuenta, aunque no te conozca, aunque no nos veamos jamás siempre habrá un hilo entre tú, querido lector, y yo... 

      https://youtu.be/NaVisy0cZS0

     
                                                     

                                                    ADICCIÓN

 Empecé a consumir de niña. Todo surgió por curiosidad, creo. Nadie me lo ofreció. Lo hacía de noche y me gustaba su efecto. Me divertía, me relajaba y me ayudaba a dormir. Mi consumo no comenzó por imitación. A mi alrededor nadie lo hacía, pero sí había sustancias de todo tipo. Si pedía me las proporcionaban e incluso me alentaban. En el colegio las dosis eran mínimas pero en casa el asunto cambiaba. A la edad adulta me volví tan dependiente que no era suficiente con mi consumo nocturno habitual. Tenía que administrarme durante el día también e incluso empecé a hacerlos yo. El efecto haciéndolos era casi el mismo que consumiéndolos. No sabía si la calidad de lo que yo producía era similar a lo que consumía, de lo que procuraba buscar siempre lo mejor. Por esa razón busqué el camino para mejorar mi producción y convertí esa adicción en parte de mi vida. Me encanta su efecto y, como no es nocivo, sino al contrario, reconozco que estoy completamente enganchada tanto a su consumo como a su producción. Me gusta conocer gente que también lo está porque el efecto  siempre es el mismo y no se puede parar. ¿Y tú? ¿Estás también enganchada o enganchado a los libros? Si quieres probar mis sustancias, búscame. Tengo de sobra... 









                                                    LA CASA DE MI ABUELA

Aquella casa evocaba mi infancia. Hacía años que no pisaba aquella tierra llena de mar en la que me crie. Me costó aceptar el abandono de ese cúmulo de recuerdos que entraron a mi mente agolpados unos sobre otros. No era tan fácil como había creído. Mi madre se ofreció a acompañarme, pero preferí que no. Metida en mi traje de empresaria, mi flamante coche último modelo y mi agenda llena de citas me fui para allá. Antes de entrar me di un paseo por la playa vacía y llena de sol. Respiré hondo y sentí a la niña que fui caracoleando en la orilla. Así llamé a poner las caracolas dispuestas a correr cuando llegara la siguiente ola. Cuántas carcajadas salieron de mi boca ante ese acto infantil. Respiré ese sol y ese mar de mi infancia que tantas imágenes del pasado me traía. No fue suficiente para apaciguar mi corazón cuando entré en la casa de mi abuela. Allí pasé muchos veranos con ella y  disfruté entre juegos y risas. Al cruzar la puerta y encontrar sobre la mesa cubierta de polvo mi muñeca azul de trapo mi corazón dio un vuelco. Una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando la cogí y la sacudí. Esa pequeña empezó a destrozar mis defensas de empresaria dura e implacable. Con ella en la mano entré en la habitación de juegos, que hubiera sido la mía si no hubiera querido dormir siempre con la abuela. Ese cuarto vacío y desnudo me trajo recuerdos cargados de sensaciones cubiertas de nostalgia. Abrí el armario y el olor a la madera carcomida y vieja era casi palpable. Cerré los ojos y respiré hondo. Ese aroma a vacío y olvido me hizo rememorar con exactitud mis juegos en ese cuarto, mi risa cristalina de niña ingenua y las inocentes charlas con mi abuela. Me parecía oírla cantándome una y otra vez esas canciones antiguas que tanto me gustaba escuchar. Era tan fuerte la sensación a la que un simple olor me transportó que noté mis ojos cargados de lágrimas llenas de nostalgia y dispuestas a deslizarse lentas por mis mejillas. Salí a la sala, me senté en el sofá sin importarme lo nuevo que fuese mi pantalón ni lo polvoriento que estuviese el mueble, miré alrededor, respiré hondo y saqué el móvil...

-Mamá, ya tienes compradora... Sí, tan rápido... Yo te compro la casa...

 

                                      

LA VELADA DE LOS CUENTOS

A la reunión acudieron todos los invitados. Los primeros en llegar fueron la niña con su madre, su abuela e incluso el lobo (el cazador no pudo), esa jovencita rubia tan atractiva con el príncipe, sus hermanastras, su madrastra y algo separada del grupo el hada madrina, una morenaza de piel extremadamente blanca seguida de un ejercito de enanitos, su enamorado y otra madrastra más. También apareció un niño muy revoltoso acompañado de un abuelo que decía ser su padre. Había una niña y un niño que decían ser hermanos. Llegaron con una bruja cargada de dulces de los que invitaba a todo el mundo… El número de asistentes era ingente e imposible distinguir a todos. La mayoría se conocía con anterioridad y se mezclaron hasta el punto de que hubo algún intercambio de parejas o… de príncipes. Los niños se entretuvieron con los enanos más de lo que estos señores hubieran querido, pero a fin de cuentas estaban cómodos porque el castillo en el que fueron convocados había sitio de sobra. Fue la primera vez en la que se juntaron todos o… casi todos y… la velada de los cuentos resultó un éxito…

                                 



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